CulturaLado B

La metamorfosis, por Kafka 38 (capítulo 3)

Capítulo 3
La grave herida de Gregorio, cuyos dolores soportó más de un mes -la
manzana permaneció empotrada en la carne como recuerdo visible, ya
que nadie se atrevía a retirarla-, pareció recordar, incluso al padre, que
Gregorio, a pesar de su triste y repugnante forma actual, era un
miembro de la familia, a quien no podía tratarse como a un enemigo,
sino frente al cual el deber familiar era aguantarse la repugnancia y
resignarse, nada más que resignarse.
Y si Gregorio ahora, por culpa de su herida, probablemente había
perdido agilidad para siempre, y por lo pronto necesitaba para cruzar
su habitación como un viejo inválido largos minutos -no se podía ni
pensar en arrastrarse por las alturas-, sin embargo, en compensación
por este empeoramiento de su estado, recibió, en su opinión, una
reparación más que suficiente: hacia el anochecer se abría la puerta del
cuarto de estar, la cual solía observar fijamente ya desde dos horas
antes, de forma que, tumbado en la oscuridad de su habitación, sin ser
visto desde el comedor, podía ver a toda la familia en la mesa
iluminada y podía escuchar sus conversaciones, en cierto modo con el
consentimiento general, es decir, de una forma completamente distinta
a como había sido hasta ahora.