Góngora y Quevedo eran enemigos declarados desde hacía años. De hecho, Quevedo escribió el famoso poema de «Érase una vez una un hombre a una nariz pegado» para burlarse de Góngora, haciendo referencia a que tenía la nariz grande porque su ascendencia era judía (una causa de vergüenza en la España de la época). Pero el odio llegó a su máximo esplendor cuando Góngora se vio tan sumido en deudas, que tuvo que permitir que el banco se llevase su casa. Quevedo la compró, citó a Góngora en la puerta y luego le prendió fuego. Con todo lo que tenía en su interior.
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