Sólo al mirar por última vez alcanzó a ver cómo la puerta de su
habitación se abría de par en par y por delante de la hermana, que
chillaba, salía corriendo la madre en enaguas, puesto que la hermana la
había desnudado para proporcionarle aire mientras permanecía
inconsciente; vio también cómo, a continuación, la madre corría hacia el
padre y, en el camino, perdía una tras otra sus enaguas desatadas, y
cómo tropezando con ellas, caía sobre el padre, y abrazándole, unida
estrechamente a él -ya empezaba a fallarle la vista a Gregorio-, le
suplicaba, cruzando las manos por detrás de su nuca, que perdonase la
vida de Gregorio.
Tags:Franz Kafka





