“TOMO EL CAFÉ con Kafka cuando todo conspira contra mí, él no oye ni una sola palabra de lo que le digo mientras a fuera los automóviles atruenan por el callejón y una multitud de pies se arrastran por la acera.”
-Miguel Ángel Gómez
“FABULOSAS TARDES en que me encuentro muchas cosas por las calles de Oviedo. Allí donde voy: pasiones y tormentas en la calle de la Luna con su ajetreo retorcido. La calma en la calle del Paraíso -ahí estás tú- donde uno no sería a explicar la felicidad, pero la siente libre de inquietud. Después camino a casa, con un ojo busco otro mundo, encuentro calles inventadas. Hago desaparecer todo lo que me rodea, llega la calle de la Desolación, la calle de tus piernas largas, la calle de tu fuego inacabable. No necesito arrojarme de más calle para tenerlo todo.”
Había un escritor que aconsejaba que cualquier cosa la escribieras con pasión, la vida no necesita de maquillajes. Para narrar una historia es necesaria la sinceridad. Para el poeta la mejor atmosfera es cuando un rayo viene a su pluma, Zweig decía que la mejor manera de encontrar la inspiración era trabajando. “En el café hay una soledad beneficiosa. Esto lo percibes tras haber oído un pájaro y volar con él.”
“Las obras de Balzac están abiertas sobre la mesa, a la luz de dos velas.” Los escritores no tienen secretos, tienen que observar la vida con nuevos ojos, precisamente el libro de hoy tiene que ver con ello. El otro día estaba boxeando con una persona que ya no vive, los tiempos de dolor nos permiten revivir los mejores recuerdos. Los grandes guerreros te acompañan en la vida porque dejaron una huella. “DEMASIADO LO QUE ME ESPERA en la dirección que no tomo”.
EL ARO DE LATÓN. Es un libro lírico, que narra la vida de un escritor que cargaba con su diario, disfrutaba de escribir en una habitación cerrada o en una cafetería, los lugares son importantes porque congelan el tiempo. “LO QUE AMO observar desde el café es el hormigueo contante, la gente que pasa con su rutina a cuestas.” Miguel Ángel Gómez observaba el paisaje verde desde el tren, aquellos pueblos le inspiraban la confianza de Balzac. Contemplaba la naturaleza, aquella brisa que caía en los ferrocarriles le refrescaba la musa. El escritor escribe lo que siente y lo que observa. Sus diálogos quijotescos son una afilada pluma que persigue las rarezas de la vida, ese día cargaba con un libro y se había dejado crecer la barba.
Francisco Umbral decía: “LOS LIBROS envejecen como la chaqueta de un escritor.” El oficio del poeta es contemplar las olas y recordar el paraíso. La ciudad es un mar agitado como Santander, caminar es un deleite que permite convertirte en Gógol y platicar con Kafka. “CUANDO ya es de noche caminas con ligereza, abierto a todo, y la ciudad, que no duerme ni tiene sueño, camina contigo.” Los instantes son amigos leales que no valoramos, tener un diario es una solitaria aflicción, podemos suponer que es una actividad ridícula, lo cierto es que el escritor se alejaba de la cotidianidad y escribía a escondidas. Se olvidaba a sí mismo, vivía para sus adentros y en ocasiones hasta sufría de hambre.
Los escritores cuando son jóvenes viven momentos difíciles, hay hambre y apenas sobreviven. En sus habitaciones polvorientas se respira el aire del romanticismo y los sueños se transforma en el boceto de un flaco vagabundo. La luna es una muchacha jovial que te observa desde la ventana. La mejor edad del escritor es la primavera, en ella se van tejiendo sueños y escribiendo en un diario las vivencias. “Vivo siempre en el absurdo de la tiniebla que pinta mi época, tengo que admitirlo. Cuando me siento a la buena máquina sé que el pasado ya tiene un aire ceniciento”.
Raymond Carver andaba de buen humor, parecía que andaba de vacaciones, sentía una alegría desbordante y una sed de escribir. Paseaba por las calles, se detenía en la cafetería consentidos. Le resultaba atractiva por sus anécdotas. La armonía es luminosa, te permite escribir como una locomotora, el aro de latón es una metáfora: un destino que te golpea, vives el insomnio y lo escribes a la velocidad del ferrocarril, donde las servilletas se transforman en anotaciones librescas. EL ARO DE LATÓN, por Miguel Ángel Gómez. Es un libro bajo el sello editorial de cypres, tiene una coqueta portada por el pintor Federico Granell. Es una primera edición de junio del año 2020, impresa en Polonia y consta de 59 páginas.





