Retíranse las sillas con ruido, y los invitados pasan al salón cual abejas que
abandonan su dulce colmena para volar ruidosamente en enjambre por los campos.
Satisfechos del festín, los caballeros resoplan ruidosamente uno frente a otro; las
damas se sientan alrededor del fuego, las señoritas cuchichean en un rincón. Las
mesas verdes están preparadas para los empedernidos jugadores de boston, de omber
y de whist; todos estos juegos, conocidos hasta hoy día, forman parte de la misma
familia: el aburrimiento.
Los héroes del whist han jugado ya ocho partidas y han cambiado ocho veces de
sitio; ahora traen té. Me gusta fijar el tiempo por las comidas, las meriendas y las
cenas. En el campo hace falta agitarse para saber la hora; el estómago es nuestro
mejor reloj. Y, a propósito, haré constar entre paréntesis que en mis versos hablo muy
a menudo de festines, comidas y corchos. ¡Como tú, divino Homero, ídolo nuestro
desde hace treinta siglos! En los festines estoy dispuesto a luchar desobediente con tu
divinidad; pero reconozco noblemente que me has vencido en otra cosa. Tus feroces
héroes, tus descripciones de terribles luchas, tu Cipris, tu Zeus, aventajan mucho a mi
frío Eugenio, al dormido aburrimiento de los campos, y a mi Istómina con su
mundana educación. Mas te juro que Tania es mucho más grácil que tu perversa
Helena, Nadie discutirá este hecho, aunque Menelao, por Helena, continuará
castigando cien años más al pobre país de Frigia; aunque en la reunión del respetable
Príamo, la Asamblea de Ancianos de Pérgamo decidiese nuevamente, al ver a Helena,
que Menelao tenía razón como Paris. En cuanto a los combates, ruego al lector que
aguarde un poco, que no juzgue severamente el principio, porque habrá una lucha. No
miento, y hasta puedo dar mi palabra de honor.
Traen el té, y, en el momento en que cuidosamente recogen los platos, resuenan
en la sala contigua la flauta y el fagot. Gratamente sorprendido por la música,
Petuchkof, el Paris de la comarca, deja su taza de té con ron para acercarse a Olga;
Lenski se dirige a Tania; mi compositor de Tambov saca a la eterna novia de
Jarlikoff: Buyanoff se ha apoderado de Pustakova, y juntos ya giran por el salón, en
donde todos se precipitan. El baile está en pleno apogeo.





