CulturaLado B

Le doy un trago al café, por Javier «tigrillo» Vallejo

El filósofo comentaba que las personas que viajaban perdían el tiempo para leer historias antiguas. Cuando realices un favor no esperes nada a cambio, simplemente alégrate de ayudar. Más que heredar el hombre debe buscar dejar una huella. La filosofía le permite al hombre guiarse por la racionalidad. La bondad se hereda de los antepasados, esa raíz de familia. En las fiestas era reservado y mantenía distancia de los charlatanes y se regía por la congruencia. Prestaba atención a las ideas joviales, aconsejaba vivir en sintonía con el tiempo y sus realidades.

La vida no es eterna ni vivirás mil años. Proponía que ayudarás a los amigos apurados con base a tus posibilidades y que observarás la forma en cómo actuaban los ilustrados porque sus acciones son guía. Proponía tomar atajos en los caminos, aceptar de buen agrado los fracasos y seguir de pie en las metas. Cuando era niño, mamá me leía historias hebreas para conciliar el sueño. De adolescente disfrutaba salir de madrugada a contemplar los cielos rojos de Monclova, producto del humo contaminado de AHMSA.

Recuerdo que papá le enseñaba a mi hermano Am-Ram como fabricar escobas. Eran tiempos difíciles donde el trabajo era el pan de cada día. La maestra Clara González, impartía la clase de español y leíamos resúmenes de Don Quijote. El maestro de historia Raúl Rosales, nos ponía a sembrar árboles, era como un encuentro con la naturaleza y sus lecturas. Monclova tiene su nigromancia, el tiempo es eterno y su calor insufrible. El horizonte sigue siendo despintado, hay pocos árboles, solamente el parque Xochipilli era un pequeño paraíso.

Arteaga es donde vivo, una ciudad humilde y con bellas montañas. Puedes disfrutar sus amaneceres y respirar domingos de libertad. Vuelan las palomas y le doy un trago al café para empezar la jornada. “Lo bello trascurre como un sueño”, alegóricamente me hubiese gustado vivir en la Revolución de 1910, andar a caballo con Madero y Pancho Villa. Los tiempos son difíciles y menos ofertas laborales. El libro de Marco Aurelio (121-180 d.C.), da lecciones sobre el estoicismo que debieran tener las personas. “No malogres la parte de vida que te queda en averiguar vidas ajenas, a no ser que te propongas algún fin útil a la comunidad.”